El incendio forestal de Culla deja al descubierto antiguos bancales de piedra seca ocultos por la vegetación
Las llamas han revelado de nuevo el paisaje agrícola tradicional construido durante siglos en las montañas del interior de Castellón, un patrimonio que muestra la huella de generaciones que transformaron el terreno piedra a piedra.
El incendio
forestal declarado esta semana en el término municipal de Culla, en el interior de la provincia de
Castellón, no solo ha dejado una imagen de destrucción sobre la superficie
afectada por las llamas. Tras el paso del fuego, el paisaje ha mostrado también
una parte de la historia escondida bajo la vegetación: una extensa red de bancales tradicionales de piedra seca que durante
décadas habían quedado ocultos por el avance del monte.
El fuego se
declaró en la zona de la Font d’Onzell,
cerca del entorno del río Seco,
y obligó a movilizar un amplio dispositivo de extinción formado por medios
terrestres y aéreos. En las labores participaron una unidad
helitransportada de Bomberos Forestales de la Generalitat, cuatro medios aéreos
y efectivos del Consorcio Provincial de Bomberos de Castellón,
que consiguieron estabilizar el incendio durante la mañana del sábado tras una
noche de trabajo sobre el terreno.
Una vez
retirado el humo, las imágenes aéreas captadas por los servicios de emergencia
han mostrado con claridad las líneas de antiguos muros agrícolas que recorren
las laderas quemadas, dibujando escalones sobre la montaña y recordando un
paisaje modelado durante generaciones.
La piedra seca: el patrimonio que vuelve a aparecer tras el fuego
Los bancales
son una de las señas de identidad del paisaje rural castellonense. Durante
siglos, los habitantes de las zonas de montaña levantaron estos muros piedra a
piedra, sin utilizar cemento ni otros materiales de unión, para convertir
terrenos con grandes pendientes en pequeñas superficies aptas para el cultivo.
Estas
construcciones permitían aprovechar la
tierra, reducir la erosión, retener humedad y frenar la pérdida de suelo
en zonas donde la agricultura era especialmente difícil. En muchas áreas del
interior de Castellón fueron fundamentales para el cultivo de olivos,
almendros, viñas y otros aprovechamientos tradicionales.
Con el
abandono progresivo de muchas explotaciones agrícolas y la despoblación rural,
numerosos bancales quedaron cubiertos por matorral y vegetación forestal. Incendios
como el de Culla dejan al descubierto la enorme dimensión de estas estructuras
y permiten observar desde el aire el esfuerzo colectivo realizado por
generaciones anteriores.
El interior
castellonense conserva algunos de los mejores ejemplos de arquitectura de
piedra seca del Mediterráneo, con kilómetros de muros, terrazas agrícolas,
casetas y otras construcciones rurales integradas en el paisaje.
La imagen
posterior al incendio muestra ahora el contraste entre la pérdida ambiental
provocada por el fuego y la aparición de un patrimonio que permanecía escondido
bajo el bosque. Un recordatorio de la importancia de conservar tanto la riqueza
natural como la memoria agrícola de las montañas de Castellón.
Tras la estabilización del incendio, los equipos continuaron
realizando trabajos de vigilancia, consolidación y repaso del perímetro para
evitar posibles reproducciones en una semana marcada por las altas temperaturas
y el elevado riesgo forestal.



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