“La vejez debe entenderse como síntoma de plenitud, de respeto y de buen hacer”

Marina Huerta Guiñón, técnica del equipo de Mayores del CDR Palancia Mijares

El 1 de marzo se conmemora el Día del Buen Trato y el Cuidado, una fecha que invita a reflexionar sobre cómo miramos, escuchamos y acompañamos a las personas mayores.

En los pueblos del Alto Palancia y Alto Mijares, este día se ha trabajado de forma especial dentro del programa Mayores en Movimiento, una iniciativa ya arraigada en muchos municipios del interior de Castellón donde, semana tras semana, las personas participantes —en su mayoría mujeres— esperan con ilusión la próxima sesión.

Detrás de estos espacios está, entre otras profesionales, Marina Huerta Guiñón, del equipo de mayores del CDR Palancia Mijares. Cercana, pausada y profundamente respetuosa en su forma de trabajar, dinamiza junto a sus compañeras actividades de estimulación cognitiva, digitalización, mejora de la autoestima y, sobre todo, la creación de red y comunidad en estas comarcas.

Con motivo del Día del Buen Trato y el Cuidado, hablamos con ella sobre dignidad, edadismo y la importancia de escuchar.

Marina, ¿qué significa para ti el Día del Buen Trato hacia las personas mayores?

Es un día necesario para recordar que nuestros mayores son pilares fundamentales de la sociedad. Ellos nos aportan gran experiencia y sabiduría. Nos transmiten un saber oral lleno de buenas prácticas y sabios consejos que sembraron el camino que ahora conocemos. Guardan grandes historias que merecen ser sabidas y escuchadas con especial atención.

Pero también es un día para tomar conciencia de que, desgraciadamente, muchas personas mayores se enfrentan a situaciones de maltrato y exclusión por parte de la sociedad.

Hablas de exclusión e incluso de maltrato. ¿A qué te refieres exactamente?

Erróneamente, en ocasiones se considera a las personas mayores como un sector poblacional infravalorado y menospreciado, haciendo que cada vez sean más excluidas del sistema.

A veces, incluso sin darnos cuenta, nosotros mismos vulneramos su dignidad cuando infravaloramos sus saberes y sus ricas aportaciones. No debemos dejar pasar este concepto, porque también es un síntoma de maltrato y agravio hacia las personas mayores.

Entonces, ¿qué implica realmente el buen trato?

El buen trato hacia los abuelos no es solo entenderlos como personas con gran aporte a las dinámicas sociales, es mucho más.

Debemos poner en valor sus aprendizajes, sus transmisiones y, sobre todo, su capacidad de adaptación a las nuevas épocas que les ha tocado vivir. Esa capacidad resiliente que tanto nos falta a las nuevas generaciones es la que ha salvado a nuestros mayores.

¿Cómo influye el edadismo en todo esto?

Para poder tratar correctamente a la población mayor y considerarlos como parte fundamental de nuestra sociedad, debemos hacer un esfuerzo para respetarlos y dignificarlos reconociendo sus derechos y no basarnos en el edadismo.

El edadismo nos lleva a limitarles por su edad, a decidir por ellos o a pensar que ya no pueden aportar. Y eso debemos cambiarlo.

¿Qué papel tienen la autonomía y la participación en el buen trato?

Es fundamental propiciar que sean ellos mismos quienes sumen y aporten valor a los actos cotidianos, tomando decisiones y fomentando así su autonomía en las actividades básicas de la vida diaria.

No se trata solo de cuidar, sino de permitir que sigan formando parte activa de la sociedad.

¿Qué responsabilidad tenemos como sociedad?

Debemos priorizar sus necesidades y practicar la escucha activa de sus preocupaciones diarias, dando respuesta y aportando soluciones beneficiosas para ellos.

El buen trato ha de estar presente en nuestras acciones, previniendo cualquier signo de maltrato y promoviendo un envejecimiento activo y saludable.

Por último, es importante reconocer el valor de los abuelos dentro de nuestro sistema social, entendiendo la vejez como síntoma de plenitud, de respeto y de buen hacer.

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